La verdad es que, al poco de empezar todo lo del
confinamiento y la cancelación de las clases, mi padre estuvo unos días malo.
Por suerte fue algo muy leve, pero aun así, en casa nos trastocó todo, y el
aire de angustia que se respiraba era insoportable. Como digo, fue muy leve,
así que no me quiero imaginar la angustia de alguien que lo esté pasando peor.
En cuanto a mi Facultad, en mi opinión, deja mucho que
desear. Después de 15 días sin dar clase, de marearnos con mover la
convocatoria de exámenes, de agobio por no saber qué iba a pasar con las
clases… los alumnos tuvimos que movilizarnos para pedir a los profesores que
por favor nos hicieran una evaluación continua, para así poder quitar un poco
de peso al examen final.
Sinceramente,
no puedo quejarme de las clases online, todos mis profesores las están dando,
unos mediante videoconferencia, otros mediante videos grabados… Sin embargo,
compañeros de otras clases, no tienen esa suerte. En una asignatura en
concreto, el profesor, en lugar de dar 3h a la semana como marca el horario
establecido, convoca una clase mediante conferencia de 1h tan solo 1 vez a la
semana, por lo que la gente ni siquiera sabe si dará tiempo a explicar toda la
asignatura, ni de qué temario se les va a examinar.
En mi caso, de las 5 asignaturas que tengo, 2 decidieron no
cambiar los criterios de evaluación, y las otras 3 nos dijeron que iban a hacer
una evaluación continua a base de test online con peso en la nota del examen,
pero que no liberaría materia.
Concretamente, una asignatura nos propuso hacer test en los
que, además de marcar la respuesta correcta, había que marcar el grado de
seguridad de la respuesta, de manera que, a mayor seguridad, más puntuaba la
respuesta correcta, pero más restaba la incorrecta. Es de risa, porque así, un
fallo resta el doble de lo que suma un acierto. Las profesoras dijeron que, si
contestábamos bien todas, pero con baja certeza, no podíamos aprobar porque,
literalmente “habréis contestado sin tener ni idea”. Pues sinceramente, por
mucho que me sepa la respuesta, tener que marcar el grado de seguridad me hace
ser más insegura.
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Al principio dejaron dos intentos para cada test, pensando
en que el campus o el wifi podían fallar, pero después del primer test, nos
quitaron el segundo intento. No sabemos por qué, pero están empeñadas en que la
gente ha copiado. Vamos a ver, en un test de 12 min 12 preguntas, en el que
tengo que pensar lo segura que estoy, ¿cómo me va a dar tiempo a copiar? El
caso es que ahora, si falla algo, te aguantas y te quedas sin evaluación
continua. Es cierto que nadie les obliga a darnos 2 oportunidades, ¿pero
acusarnos de copiar sin pruebas? Está claro que hay profesores a los que parece
que les fastidia ayudar.
Lo que más me molesta de todo esto es que la evaluación
continua la tuvimos que pedir los alumnos, y pedírsela a los mismos profesores
que decidieron cuándo y cómo iban a ser nuestros exámenes, sin tener en cuenta
nuestra opinión. Pues sinceramente, agradezco mucho la evaluación continua,
pero no se me olvida que son esos mismos profesores los que decidieron trastocarnos
el curso.
El curso se retrasó 15 días, pero en vez de retrasar 15 días
los exámenes también, los han retrasado 2 meses. Ahora los exámenes de
ordinaria son del 1-20 de julio y los de extraordinaria del 2-18 de septiembre,
todos presenciales. Incluso hay compañeros que tienen más de un examen el mismo
día, y cuando han escrito a decanato para comentar la situación, la respuesta
ha sido que la única opción para cambiar los exámenes es que coincidan en hora.
Teniendo en cuenta la situación en la que estamos, un poco más de comprensión no
estaría mal.
Los exámenes van a ser online pero, como siempre, nos enteramos antes de las cosas por rumores que por comunicados oficiales. El
problema es que nadie sabe si fiarse de los exámenes online. Hasta ahora solo
se han hecho en este formato exámenes de prácticas y de evaluación continua, y
son muchos los compañeros que han tenido problemas durante su realización, por
fallos en el ordenador, en el campus, en los programas que mandaron instalar
para la realización del examen… Y tampoco es que los profesores hayan mostrado
mucha empatía, de hecho, una compañera está suspensa por esto, y cuando
notificó lo que le había pasado al profesor, éste ni siquiera le contestó.
Lo peor es que todas las decisiones que se han tomado han
sido sin tener en cuenta a los alumnos, algunos de fuera de Madrid, otros que
trabajan, y otros que simplemente necesitamos descansar después de todo un año
dejándonos la piel por estudiar, porque no tuvimos vacaciones de navidad, y
tampoco hemos tenido vacaciones de semana santa. Todo esto poniendo por delante
el no copiar y el hacer los exámenes presenciales que la seguridad de los
alumnos. Porque aunque ahora decidieran que nos examinamos de forma online,
algo que desde el principio se veía como muy probable aunque los profesores se
empeñaran en que no, ¿qué sentido habrá tenido entonces retrasar tanto tiempo
los exámenes?
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Además, este año se ha decidido quitar los exámenes
parciales, o sea que nos estamos jugando todo a un examen final. Esta fue otra
decisión que se tomó sin tener en cuenta lo que nos parecía a los estudiantes,
y el motivo para quitarlos fue que “con los parciales la asistencia a clase es
mucho más baja”. Quizá el problema no son los parciales, sino el profesor y su
forma de impartir la asignatura.
Yo soy una persona que se agobia mucho, que se toma los
estudios como algo muy importante, quizá incluso demasiado, y por eso siempre
intento dar lo mejor de mí para conseguir mis objetivos. Pero sinceramente,
toda esta situación me lo pone muy difícil, y como yo habrá mucha más gente que
no esté pudiendo rendir como debería o como le gustaría. Yo ahora me siento con
los apuntes delante sabiendo que hasta julio no voy a poder examinarme, ni de
qué forma, y no tengo ni ganas ni motivación para estudiar. Tengo la suerte de
estudiar una carrera que me gusta, pero ni eso puede salvar lo cuesta arriba
que se hace todo.
No quiero acabar sin decir que agradezco mucho la labor de
todos esos profesores que se implican e intentan hacer las cosas bien, pero es
una pena que todo eso se vea tapado cuando las cosas se deciden sin escuchar a
los alumnos. Y es algo que ha pasado ya demasiadas veces.
Poco se puede hacer ya para cambiar calendarios de exámenes
o criterios de evaluación, pero ojalá todo esto sirva para que, de una vez por
todas, se tenga en cuenta a los alumnos, porque somos nosotros a los que más
afectan todas estas malas gestiones.